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Encubriendo la acción de las Farc

Desde la década de los 50, los servicios secretos de la URSS y de China se dedicaron a infiltrarse en el narcotráfico, no para entrar directamente en el negocio, está claro, sino para dirigirlo desde arriba, usándolo para fines estratégicos que van mucho más allá del horizonte de intereses de los meros traficantes. De esos fines, dos eran esenciales: guerra psicológica y creación de una red local de financiación para aliviar el enorme dispendio del bloque comunista con los movimientos revolucionarios en el mundo subdesarrollado. Ambos fines han sido alcanzados. Las drogas fueron un poderoso estimulante del movimiento “pacifista” de la juventud en los años 60-70, que abortó la intervención americana en Vietnam. Por otro lado, los movimientos revolucionarios de América Latina, que tras la caída de la URSS deberían haber secado por falta de recursos, no sólo han sobrevivido al trauma, sino que incluso han crecido formidablemente en la década de los 90, alimentados por el negocio...

No quiero citar nombres

Las Farc son, a la vez e inseparablemente, una organización política, militar y criminosa: partido, ejército y mafia. Se dedican con el mismo empeño a la difusión del comunismo, a la guerrilla (con su imprescindible complemento terrorista) y al narcotráfico. Esas tres divisiones funcionan de modo articulado y convergente de cara a la misma finalidad: la extensión del proceso revolucionario colombiano a todo el continente. El tópico corriente de que las Farc no participan en el tráfico, sino que sólo “cobran impuesto” de los traficantes, es una de esas obras-primas de la hipnosis semántica que sólo el arte soviético de la novilingua lograría crear. Al compactar tres ardiles lógicos entremezclados, la expresión prende al oyente medio en una red de confusiones de la que sólo un esfuerzo analítico superior a su capacidad podría librarlo. Desde luego, (1) ennoblece con un matiz de imposición legal la extorsión practicada por un grupo criminoso sobre otro grupo criminoso, cosa que autom...

Cualquier cosa y el Sr. Summa

Olavo de Carvalho O Globo, 19 de octubre de 2002 Tras hacer lo indecible por amortiguar la repercusión de las denuncias sobre su vinculación con la narcoguerrilla colombiana, llegando incluso al bluf supremo de atribuirlas a especulaciones estrambóticas de un solitario “truhán” de Miami, el PT ha reconocido por fin que estaba fingiendo, que el tema realmente ha tenido amplia divulgación en los medios de comunicación internacionales y que, en definitiva, ya era hora de que el partido saliese de su escondite y dijese alguna cosa. Cualquier cosa. El cometido de escribir la cosa le ha tocado a la persona del Sr. Giancarlo Summa, “asesor para la prensa extranjera” de la campaña de Lula, cosa que es extremamente chic pero que prueba que el candidato se apresura a dar explicaciones antes a los medios de comunicación de fuera que a la opinión pública local, condenada a contentarse, de momento, con negativas sumarias y evasivas lacónicas. La nota oficial que el Sr. Summa ha divulga...

La victoria del partido único

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Una parte considerable de los medios de comunicación brasileños está bajo control de servidores conscientes e inconscientes de la desinformación izquierdista, encargados de excluir de las noticias todo lo que pueda dar a los lectores una idea del avance de un proceso revolucionario que, al ser conducido por las vías suaves de la estrategia gramsciana, debe seguir siendo discreto hasta que se llegue a ser irreversible. Como toda censura, la que nos domina tiene el don de ocultar su propia existencia. Pero en ella ese don es potenciado por el hecho de que, al ser ejercida por los propios periodistas, no hiere las susceptibilidades de esa clase y sólo encuentra la resistencia de individuos aislados, cuyas voces son fáciles de impugnar como expresiones de insania o fanatismo. Es más, ese tipo de censura tiene el poder de auto-reproducirse indefinidamente: si denuncias un hecho que no ha aparecido en los periódicos, te responden que tu denuncia no es fiable, porque no es confirma...