El paradoxo izquierdista
Experimentar conscientemente el tiempo histórico en el que tiene lugar nuestra existencia es un privilegio, un deber y un derecho de inteligencia individual, que no alcanza su plenitud, sino que absorbe e integra las tensiones y mutaciones del entorno más grande que la rodea. Desde principios del siglo XX, este derecho ha sido negado a varias generaciones de seres humanos, inducidos a vivir una historia ficticia en el mundo paralelo de la militancia ideológica y a pasar por la existencia en pleno estado de ignorancia en cuanto a los factores reales que determinó su destino. La ilusión socialista no es sólo un error de predicción en cuanto a los objetivos finales. Si fuera así sería el trágico final de las nobles existencias. Pero la falsa expectativa sobre el futuro ya falsifica la vida actual: impregna toda la biografía de cada militante, hormigueando con la farsa y el autoengaño cada uno de sus actos y pensamientos, incluso los más íntimos, personales y aparentemente no relacionados...